El Gobierno recibió las ofertas por el 50% de Citelec, la sociedad que controla a Transener. Detrás de los sobres hay tres nombres propios que pujan en la subasta planteada por el gobierno de Milei. Una pulseada que excede lo técnico-económico y que ya sufrió dos postergaciones.
La mesa de los tres
Jorge Brito, dueño de Genneia, decidió no ir solo. Se alió en una UTE con Edison Energía, el holding de los hermanos Neuss (Juan y Patricio); el grupo Inverlat (de Guillermo Stanley, Federico Salvai, Carlos Giovanelli y Damián Pozolli); más Rubén Cherñajovsky y Luis Galli. Juntos suman la generación renovable más grande del país, centrales hidroeléctricas y térmicas, distribuidoras provinciales en dos provincias, entre otros activos energéticos.
José Luis Manzano es el principal referente de Edenor, la distribuidora que mueve la electricidad en el AMBA. Comparte la sociedad con Daniel Vila (América) y Edgardo Filiberti (Transclor). Si gana la subasta dará un salto: desde el consumo hasta el transporte de alta tensión. Un paso lógico para un jugador que piensa en grande y opera en tableros tanto internacionales como locales.
El tercero es Central Puerto. La empresa que gravita sobre el mayor porcentaje de generación térmica del país. Detrás están Carlos Miguens-Bemberg, el accionista que controla el holding, Guillermo Reca y Eduardo Escassany. Intentan una estrategia de integración con la reciente compra de Patagonia Energy S.A. (PESA) que opera en Vaca Muerta. Y ahora buscan quedarse con los hilos de transmisión.
El activo que despierta ambiciones
Transener no es una empresa cualquiera. Maneja más de 15.000 kilómetros de líneas de alta tensión. Es la columna vertebral del sistema eléctrico. Quien la controla, controla el flujo de energía desde Vaca Muerta hasta los centros de consumo.
En 2025, la compañía ganó cerca de 200 millones de dólares. La recomposición tarifaria le devolvió aire. Además, no está endeudada algo que sus homólogas en países vecinos no pueden presumir. Y arrojó resultados positivos al menos en los últimos quince años. Los magnates criollos se quedarán con ese aire para ellos.
El factor que aceleró el proceso
La subasta se postergó dos veces. En el Gobierno, unos querían más tiempo. Otros, más plata. Se impuso la necesidad: junio se acerca, los vencimientos de deuda también.
El ala más rápida del Ejecutivo impuso su ritmo. Las ofertas se presentaron. En mayo se abren los sobres económicos. En junio, adjudicación. Todo en tiempo récord.
El precio que no cierra
El pliego fijó un precio base de USD 206,2 millones por la participación estatal. Pero los números del mercado cuentan otra historia. Al momento del anuncio de la privatización, la capitalización bursátil de Transener rondaba los USD 1.230 millones. Ese 50% de Citelec equivale aproximadamente al 26% del capital de Transener. Con ese porcentaje, la participación estatal valdría, según el mercado, unos USD 321 millones. La diferencia es de 115 millones de dólares, un 36 por ciento por encima del piso que puso el gobierno.
El mercado ya había castigado la operación. Cuando se conocieron los pliegos en febrero, las acciones de Transener cayeron casi un 25 por ciento en menos de un mes. La señal fue clara: los inversores consideraron que el gobierno estaba dispuesto a vender barato.
Lo que viene
La pregunta ahora es a quién beneficiará el gobierno y por qué. Y también: para quién ganar es más necesario.
Brito quiere consolidar su imperio renovable. Manzano busca la integración vertical que siempre soñó. Central Puerto, con una maniobra ofensiva, defiende su territorio.
La volatilidad de las acciones explica parte de la tensión. El resto de la tensión corre subterránea. Se expresa en distintos despachos oficiales cerca de la Casa Rosada.
Los magnates pujarán en el tiempo que resta hasta mayo, cuando se abrirán las ofertas económicas. Hasta entonces, queda mirar el comportamiento bursátil y el tablero para percibir sus jugadas.