El gobierno de Javier Milei no puede elegir entre dos males. Si la nafta sube, la inflación repunta. Si la nafta se congela, YPF se licúa. Y antes de que termine la semana vence el congelamiento que dictó Caputo el 1° de abril.
Una pulseada entre Caputo y Marín por el precio de las naftas desvela al presidente Milei. Es silenciosa pero decisiva. Uno necesita bajar la inflación a cualquier costo. El otro tiene que mostrar resultados que justifiquen el plan 4x4, pongan en valor el contexto internacional favorable y los “beneficios” de las “reformas” implementadas por el oficialismo.
El escenario es contradictorio. El viernes pasado, el gobierno celebró las cifras de YPF como un “hito histórico”. La empresa tuvo una mejora interanual del 28%, un EBITDA ajustado de USD 1.594 millones. Y una producción récord de 205.000 barriles diarios de petróleo shale. Vaca Muerta explica el 78% de la inversión.
Pero al mismo tiempo, YPF viene de sostener un congelamiento de precios que le costó millones de dólares en márgenes de refinación.
El congelamiento que vence
El 1° de abril, las petroleras acordaron voluntariamente congelar los precios de las naftas y el gasoil hasta el 15 de mayo. El objetivo oficial: evitar que la suba del crudo por la guerra se traslade a los surtidores y acelere la inflación.
El resultado de esa decisión está a la vista. La nafta en Argentina subió 21,2% entre febrero y marzo, mientras que en Estados Unidos subió 43,5%. La diferencia la pagaron las refinadoras, que absorbieron parte del shock. YPF, la que tiene la mayor porción de mercado, dejó de ganar plata que el gobierno no quería que los argentinos pagaran.
Pero el congelamiento termina. YPF se reúne hoy para definir si aplica aumentos. Según el balance que la empresa presentó a inversores, el atraso acumulado del precio local respecto de la paridad de importación es del 15,5%. Un solo número: 0,905 dólares por litro cuesta la nafta en Argentina sin impuestos. Afuera, 1,07.
La única empresa que hoy en el mercado argentino está integrada de forma completa es Panamerican Energy. YPF requiere surtir a sus destiladoras con un 5% que compra a otros productores. Existen diferencias que hoy asume de manera mayoritaria la empresa de bandera. Otros actores son Raizen y Trafigura (Puma).
La guerra que todo lo explica
El contexto de fondo es la guerra en Medio Oriente. El barril de Brent saltó de USD 70 a más de USD 100. Las importaciones de GNL se dispararon a más de 24 dólares por millón de BTU. Argentina, país productor de energía, se benefició en sus exportaciones pero sufrió en sus precios internos.
YPF es la principal beneficiaria de esa suba en el crudo. Pero también es la principal víctima del congelamiento. Porque mientras el Brent subía, la empresa no pudo trasladar todo el aumento a los surtidores. Su margen de refinación (crack spread) pasó de USD 59 por barril en diciembre de 2025 a USD 40,5 en marzo de 2026. Una caída del 30%.
Los números del balance lo confirman. El EBITDA ajustado creció 28%, pero los ingresos por ventas crecieron menos. La diferencia es la guerra: los ingresos extraordinarios no compensaron la pérdida en el mercado interno.
Los secretos del balance
El gobierno celebró el EBITDA récord. Lo que no dijo es que YPF adelantó pagos de deuda por USD 750 millones y fortaleció su liquidez a USD 1.700 millones. Eso es bueno para la empresa, pero plantea una pregunta: ¿por qué paga deuda en lugar de acelerar inversiones en GNL o en Vaca Muerta?
Tampoco dijo que el 78% de la inversión se concentró en el shale. Los pozos convencionales, los que generan empleo en provincias como Chubut, Santa Cruz y Mendoza, siguen en caída libre. El récord de YPF es un récord de Vaca Muerta. El resto del mapa petrolero argentino se achica.
El gobierno tampoco destacó que YPF, en su balance, estimó que el precio de la nafta debería ser 15,5% más alto. Ese número no está en los titulares que el gobierno anunció en la red X. Pero está en la página 48 del documento que los inversores leen con atención.
Frozen tax
El precio de la nafta también depende de un tributo que el gobierno congeló para domar la inflación. Por diferir un mes el Impuesto a los Combustibles Líquidos y(ICL) el impuesto al CO2 (IDC), el Tesoro deja de recaudar US$ 150 millones por mes, según la consultora Economía y Energía. En 2025, por actualizaciones parciales, el Estado acumula una pérdida de US$ 2.500 millones. El ICL debería ajustarse por ley cada tres meses. El gobierno viene postergándolo desde 2024.
El resultado es un atraso que crece. En la nafta, el impuesto quedó congelado en niveles de fines de 2024: 187 pesos por litro menos. En el gasoil, 82 pesos.
Lo que viene
El congelamiento vence esta semana. Si YPF aplica aumentos, la inflación de mayo y junio sentirá el impacto. Si no los aplica, la empresa seguirá perdiendo plata tanto en refinación como en producción y los inversores empezarán a preguntarse quién manda realmente en YPF: ¿Marín o Caputo?
La tensión entre ambos es la grieta que define el futuro de los surtidores. Por ahora, la guerra deja ganancias extraordinarias. Pero el fin del congelamiento pondrá a prueba si el gobierno está dispuesto a bancar el costo político de una suba, o si prefiere seguir castigando a la empresa que considera el pilar del superávit comercial.
Los próximos días van a responder esa pregunta. Los automovilistas, los transportistas y todos los que llenan el tanque miran el calendario y temen por sus bolsillos.

