A las 6 de la mañana de este martes, las dos distribuidoras que operan en el Área Metropolitana de Buenos Aires –Naturgy y Metrogas– restringieron las ventas de gas interrumpible a sus clientes industriales y a las estaciones de GNC. Sin fecha de reanudación. Hasta nuevo aviso.
No es un corte menor. El servicio interrumpible es el que permite a las grandes industrias y a los expendedores de gas natural comprimido acceder a volumen firme durante el invierno, pero con la cláusula de que pueden ser desconectados cuando el sistema está al límite. El sistema alcanzó ese límite hoy.
El colchón que se achica
El sistema no colapsó por falta de gas en los pozos. Vaca Muerta produce a pleno. El problema es el transporte: los gasoductos no dan abasto para llevar todo el caudal que demandan la calefacción de hogares, las industrias y el GNC al mismo tiempo, según advirtió el propio gobierno al extender la emergencia energética a principios de año.
Para evitar llegar al corte del servicio residencial (el firme), los técnicos del sector activaron un recurso de emergencia: el linepack. Esa es la reserva de gas que queda acumulada dentro de los propios ductos a alta presión. Es, literalmente, un colchón. Y se está consumiendo.
Fuentes del mercado informaron a este portal que ayer se usaron cerca de 10 millones de metros cúbicos de linepack. La presión en los caños bajó. Y seguirá bajando hasta que llegue el primer barco de gas natural licuado (GNL) que compró Enarsa.
Ese barco está previsto –tal como confirmó el portal Econojournal– para el 20 de mayo. Aunque, fuentes al tanto de la operatoria indicaron a Sector Energetico que es posible que el buque arribe antes de que termine la primera quincena del mes.
La decisión que tomó Caputo
¿Por qué el gobierno se dejó estar tan cerca del abismo? Porque el ministro de Economía, Luis Caputo, priorizó contener la inflación antes que asegurar el suministro con anticipación. Además, calculó mal el timing de la ola de frío y, sobre todo, especuló con la caída del precio internacional del GNL.
Desde el sector indican que la operatoria debería haberse “asegurado en febrero”. Ello no ocurrió.
En abril, la Secretaría de Energía estaba lista para avanzar en la privatización de la importación de GNL, un proceso que iba a transferir la compra al sector privado. Pero desde el Palacio de Hacienda frenaron la licitación. El argumento oficial era que el proceso demandaba más tiempo. La decisión real, según coinciden fuentes del mercado, fue política y económica: los precios del GNL en el mercado spot estaban disparados por la guerra en Medio Oriente (más de 20 dólares el millón de BTU), y Caputo no quería trasladar ese costo a las tarifas ni al tipo de cambio.

La apuesta fue esperar a que los precios bajaran. El tiempo pasó. Los precios no bajaron lo suficiente. Y cuando el frío llegó antes de lo previsto, el sistema se encontró con que los barcos de GNL todavía estaban en alta mar o recién contratados.
Enarsa salió a comprar sobre la hora. La estatal ya aseguró cargamentos para mayo y junio, según Econojournal; aunque el primero de ellos atracará recién el 20 o 21 de mayo. Es decir: incluso esa fecha, que ya es límite, podría correrse unos días más.
Mapa de variables y alternativas
El mapa de alternativas técnicas para evitar una crisis incluye desde la inyección de GNL en Escobar hasta la gestión fina de la demanda. La decisión que ya se tomó —cortar el suministro interrumpible— es la primera ficha que se mueve.
Pero si los barcos de GNL se demoran más de lo previsto, o si el frío se intensifica antes de esa fecha, el linepack se va a seguir consumiendo. Y cuando el colchón se termina, las consecuencias no son abstractas.

Las estaciones de servicio que operan con contratos interrumpibles —las que ya hoy no pueden vender GNC por encima de su cupo firme— son las primeras en quedar fuera de juego. Si la presión sigue cayendo, más bocas de expendio podrían sumarse a la restricción. Y ahí es donde el impacto se vuelve cotidiano: taxistas, remiseros y particulares que usan GNC para moverse empezarían a recorrer estación por estación buscando quién les cargue. En crisis anteriores, esa búsqueda terminó en largas filas y horas de espera.
Por ahora, eso no está pasando en el AMBA. Pero el riesgo está ahí, latente. Depende de que el termómetro no baje más y de que los barcos lleguen a tiempo. Dos variables que el gobierno no controla del todo.
Lo que viene
Ahora la pregunta es si el linepack alcanzará hasta el 20 de mayo. Si el frío se intensifica en los próximos días, el consumo de la reserva de presión se acelerará. Si el barco de GNL se demora, el sistema llegará al límite. Y entonces, la decisión que hoy se aplicó sobre los usuarios interrumpibles podría extenderse.
Caputo cruzó los dedos. La apuesta por evitar pagar precios de guerra no salió del todo mal: todavía no hay cortes residenciales. Aunque dejó al borde del colapso a una parte clave del consumo energético del AMBA. Los taxistas, remiseros e industriales dependen del gas interrumpible y sus finanzas vienen siendo golpeadas por la crisis del consumo.
Sin embargo, el termómetro y el calendario corren en contra. Habrá que ver si el colchón alcanza para el resto de los argentinos en caso de que haya problemas de abastecimiento.