La energía es el rubro que mejor expresa los contrastes y tensiones entre Axel Kicillof y Javier Milei. Primero fue YPF, con el proyecto de GNL y el juicio de los fondos buitre. Ahora llega el tercer round: el mar. Tres ingenieros de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) desarrollaron un dispositivo cien por cien argentino que transforma las olas en electricidad. Un recurso que podría aprovechar la plataforma marina del país, la segunda con mayor densidad energética del mundo.
Hace dos semanas, en una planta metalúrgica de Pilar, científicos de la Universidad Tecnológica Nacional junto a funcionarios de la provincia de Buenos Aires probaron de manera exitosa el sistema que podría transformar a la Argentina en un actor global en el rubro de la generación de energía marítima a partir de olas.
Según la consultora Research Nester, el mercado global de la energía undimotriz (olas) y mareomotriz (mareas) generó en 2025 unos USD 1350 millones. Y se espera que para 2035 crezca a USD 16700 millones. A un ritmo de casi el 30% anual de tasa compuesta.
Vaca Muerta “del mar”
La plataforma marina argentina se extiende por más de 6,5 millones de kilómetros cuadrados. En su porción sur, alcanza valores de hasta 97 kW por metro de frente de ola, solo por detrás de Hawái (100 kW/m). Es la segunda mayor densidad energética del mundo.
Para dimensionar el dato: la energía de las olas es cinco veces más densa que la eólica y entre 10 y 30 veces superior a la solar. El mar argentino, además, es poco profundo incluso a muchos kilómetros de la costa. Su lecho de arena y grava facilita la instalación de estructuras sin grandes obras. Ello comparado con, por ejemplo, el Pacífico chileno donde la profundidad del lecho oceánico complica cualquier desarrollo.
El ingeniero Mario Pelissero, líder del equipo de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), lo sintetizó en declaraciones a Página/12 con una frase: “tenemos en el Mar Argentino un potencial energético como el de Vaca Muerta que no estamos aprovechando”.
El mundo surfea
Mientras Argentina recién prueba su primer prototipo, el mercado global de energía undimotriz comienza a consolidarse.
Portugal está a la vanguardia. La empresa CorPower Ocean obtuvo 40 millones de euros del Fondo de Innovación de la UE para desarrollar VianaWave, un parque precomercial de energía de las olas de 10 MW que se instalará frente a su costa septentrional. Producirá 30 GWh al año, suficiente para abastecer a 7.500 hogares. El gobierno portugués se fijó el objetivo de instalar 200 MW de energía de las olas para 2030.
Escocia alberga el proyecto de energía de corrientes de marea más grande del mundo, MeyGen, con una potencia inicial de 6 MW y planes para alcanzar los 398 MW. El proyecto lleva más de seis años de operación ininterrumpida.
Chile instaló en 2021 el primer convertidor de energía de olas a escala completa en la costa de Valparaíso. El proyecto WaraQocha en Antofagasta busca generar electricidad a partir del oleaje en el borde costero.
Brasil, con un litoral de 8.000 kilómetros, evalúa proyectos con una capacidad potencial de 87 MW. Y ya instaló prototipos a escala real en el puerto de Pecém.
Argentina, con la segunda plataforma más densa del mundo, recién ahora da sus primeros pasos. Y esos pasos los da una provincia, no la Nación.
A pulmón
El equipo de la UTN –regional Buenos Aires– trabaja en el proyecto desde 2007. Durante años, lo hizo sin apoyo institucional formal. Y recién en 2024 la provincia de Buenos Aires decidió financiarlo.
Los fondos provienen del Programa Provincial de Incentivos a la Generación de Energía Distribuida Renovable (PROINGED) y del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA). Ese dinero sale del bolsillo de los bonaerenses, vía un agregado en la factura de luz. A pesar de los beneficios que podría traer para el país la Nación no aportó aún fondos para su desarrollo.
Contraste energético y científico
La inversión pública nacional en ciencia y tecnología cayó al 0,140% del PBI en 2026, el nivel más bajo desde que hay registros (1972). El CONICET, el principal organismo científico del país, acumula una pérdida presupuestaria del 42,2% en tres años. La Agencia Nacional de I+D+i sufrió un recorte del 82,2% respecto de 2023. La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), el 21,4%.
El físico Diego Hurtado, especialista en historia de la ciencia y tecnología argentina, fue lapidario: “En los últimos 40 años de democracia nunca la ciencia y la tecnología argentina estuvieron en un pozo tan profundo como el actual”.
Lo que viene
El prototipo se instalará en la Escollera Norte del puerto de Mar del Plata. Se espera que esté en funcionamiento en 2026. “Es una primera boya, después hay que expandirlo. La Argentina tiene un potencial enorme en toda la costa marítima. En lugares como Mar del Plata y Necochea tenemos además nodos para conectar al sistema eléctrico. El mar tiene un potencial que todavía no se desarrolló. Es un sector al que hay que prestar atención y el mundo lo está mirando”, remarcó el subsecretario de Energía de la provincia de Buenos Aires, Gastón Ghioni.
Cada unidad puede producir entre 30 y 200 kW, dependiendo del tamaño de la boya y de las condiciones del oleaje. Con 100 equipos (unas 200 boyas) se podría abastecer a 5.000 hogares o 20.000 personas. La provincia ya habla de diversificar su matriz energética y de posicionarse como referente regional en innovación.
El gobierno nacional no incluyó a la nueva tecnología en su agenda de transición energética. La Vaca Muerta del mar está ahí, frente a nuestras costas, esperando que el desarrollo vaya por ella.