Los precios del petróleo iniciaron la semana con mínimas variaciones, atrapados entre dos fuerzas contrapuestas: la creciente tensión militar y diplomática entre Estados Unidos e Irán, que amenaza con restringir el suministro, y la posibilidad de que la OPEP+ inyecte más crudo al mercado a partir de abril. Los futuros del Brent operaban apenas por debajo de los US$68 por barril, mientras el mercado espera el resultado de la segunda ronda de conversaciones nucleares que ambos países mantendrán este martes en Ginebra.
El tablero mundial
La administración Trump combina la vía diplomática con una escalada de presión física sobre los envíos de crudo considerados ilegítimos. El sábado, fuerzas estadounidenses interceptaron en el océano Índico al petrolero Veronica III, un buque de la denominada “flota fantasma” que transportaba unos 1,9 millones de barriles de petróleo venezolano y había logrado escapar de la “cuarentena” marítima impuesta por Washington en el Caribe.
El mercado del crudo no es un espectador, sino el termómetro más sensible de la probabilidad de un conflicto.
La operación, ejecutada bajo el paraguas del comando INDOPACOM, es la séptima de este tipo desde diciembre y refleja la decisión de extender el brazo sancionatorio de EEUU a cualquier punto del planeta. Mientras tanto, el Pentágono ha desplegado un segundo portaaviones en la región y se prepara para una eventual campaña militar sostenida si las conversaciones fracasan.
La OPEP+ y el umbral de riesgo
En paralelo, la OPEP+ se inclina por reanudar los aumentos de producción en su reunión del 1 de marzo, tras una pausa de tres meses, lo que introduce un factor bajista para los precios. Este movimiento refleja la confianza del cártel en que la demanda global absorberá el volumen extra, pero también podría leerse como un intento de moderar el impacto de un shock geopolítico. Los analistas de SEB resumen la disyuntiva: “El aumento de la tensión iraní podría llevar el Brent a US$80. Si la tensión disminuye, volvería a bajar a US$60”.

Lo que está en juego en Ginebra
Irán busca un acuerdo que le reporte beneficios económicos concretos, con inversiones en energía y minería sobre la mesa, según un diplomático iraní citado por Reuters. La oferta estadounidense, sin embargo, llega respaldada por el portaaviones y la sombra de una campaña militar. La Guardia Revolucionaria iraní ya advirtió que cualquier ataque a su territorio tendría represalias contra bases estadounidenses. En ese tablero de ajedrez, el mercado del crudo no es un espectador, sino el termómetro más sensible de la probabilidad de un conflicto que, de materializarse, sacudiría los cimientos de la oferta energética global.