La guerra en Medio Oriente disparó el petróleo por encima de los USD 100 por barril. En Estados Unidos, el traslado al surtidor fue inmediato y brutal: la nafta subió 43,5% y el diesel 49,6% entre el 23 de febrero y el 30 de marzo. En Argentina, las subas fueron de 21,2% y 20,9% respectivamente, según un relevamiento del Grupo de Estudios de la Realidad Económica y Social Pablo Barousse –GERES.
La diferencia no es fruto del azar. El ministro de Economía, Luis Caputo; junto al CEO de YPF, Horacio Marín, diseñó un esquema de contención explícito: las petroleras no trasladarían toda la suba del crudo al consumidor para evitar que el shock energético se convierta en un shock inflacionario.
El blindaje que no llegó al IPC
El gobierno tenía razones de sobra para temerle a una traslación plena. En marzo, la canasta de servicios públicos del AMBA ya había aumentado 11,4% y acumulaba una suba del 591% desde diciembre de 2023, casi tres veces más que la inflación general. Sumar un salto del 40% en los combustibles era una bomba que por el momento Caputo logró desactivar.
La decisión fue política y explícita: las petroleras usarían su margen de refinación como amortiguador. El crack spread –diferencia entre el valor de los productos refinados y el costo del crudo– pasó de USD 59 por barril en diciembre de 2025 a USD 40,5 en marzo de 2026. Una caída del 30%.
Todas las herramientas para contener la suba
Mientras en Estados Unidos los precios reflejaron casi íntegramente la escalada del petróleo, en Argentina el gobierno desplegó un combo de medidas para amortiguar el impacto. La más relevante fue la suspensión del aumento del Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) y al Dióxido de Carbono (IDC) en abril, una medida que implicó resignar ingresos fiscales por unos USD 150 millones mensuales. “No vamos a aumentar el impuesto a los combustibles en abril. Por la suba del precio internacional del barril y para mitigar impacto en surtidor. Es una medida más para proteger al consumidor”, indicaron desde el Ejecutivo. Las postergaciones acumuladas durante 2025 ya habían significado una pérdida de USD 2.326 millones.
En paralelo, la Secretaría de Energía habilitó a las petroleras a incrementar de manera voluntaria el uso de bioetanol en las naftas hasta el 15%. Antes el límite era de 5,6%: lo que permite reducir el componente fósil derivado del petróleo y amortiguar posibles subas. El gasoil ya contemplaba mezclas de biodiesel de hasta el 20%.
El mapa de los ganadores y perdedores
El consumidor local ganó: pagó menos que el estadounidense en plena guerra. La nafta local pasó de ser 23,4% más cara que la de EE.UU. a solo 4,2% más cara; el diesel, que era 11,2% más caro, se volvió 10% más barato.
Las petroleras, el Tesoro y el margen de rentabilidad, no tanto. El crack spread cayó de USD 59 a USD 40,5 por barril en tres meses. Las empresas usaron su rentabilidad como amortiguador. El bolsillo del consumidor no explotó, pero el de las empresas sí se comprimió.

El mecanismo que definió el sector privado es simple: mientras el barril de petróleo se mantiene por encima de los USD 100, los productores aceptan vender el crudo en el mercado local a un valor más bajo, en una franja de entre USD 90 y USD 100. La diferencia con el precio internacional se acumula en una cuenta compensadora, lo que en los hechos implica que los productores financian a los refinadores para sostener el precio en surtidor.
El esquema funciona mientras el crudo se mantenga alto. Cuando el petróleo baje, los precios en las estaciones de servicio no lo harán al mismo ritmo, de modo que ese desfasaje pueda recuperarse y las refinadoras cancelen la deuda acumulada.
Lo que viene
La escalada de los precios vino para quedarse. Por más que tras la guerra el precio del crudo caiga el barril local no lo hará y tampoco el precio en los surtidores. Ese es el mecanismo “antiinflacionario” acordado con las empresas.
Por ahora, el blindaje funcionó. El consumidor argentino pagó menos por la nafta que el estadounidense en plena guerra. Aunque si el conflicto en Medio Oriente se prolonga, el margen de refinación se agotará. Entonces, Caputo y Marín tendrán que decidir quién pone la plata para que la guerra no llegue al bolsillo de los argentinos.