El superávit comercial de febrero fue de USD 788 millones. Detrás del número, una estructura que cambia a velocidad récord: el trigo, el oro y el litio se convirtieron en el motor de las exportaciones. Los minerales, por sí solos, aportaron USD 327 millones adicionales respecto a febrero de 2025, casi dos tercios del aumento total del saldo comercial . La minería parece que dejó de ser una promesa para convertirse en sostén de la balanza de pagos.
El último informe de la consultora Abeceb que revela ese dato contiene también una advertencia que el gobierno no suele mencionar en sus comunicados: el superávit se explica tanto por el buen desempeño del agro y la minería como por la caída de las importaciones, que retrocedieron un 11,8% interanual en valores y un 14,9% en cantidades. Los bienes de capital, es decir las máquinas e instalaciones que las empresas usan para producir, cayeron un 17,6% anual en valores y un 22,9% en cantidades. Las piezas y accesorios para bienes de capital retrocedieron un 24,9% en valores y un 29,4% en cantidades .
El “languidecimiento de las importaciones”, como lo denomina la consultora, es el espejo estadístico de una economía que no logra encender los motores industriales. La paradoja es cruel: Argentina exporta más minerales que nunca, pero al mismo tiempo deja de importar la maquinaria que podría generar empleo.
Los ganadores y los perdedores
Los números oficiales del INDEC para diciembre de 2025 muestran quiénes están del lado de la expansión. La agricultura creció un 32,2% interanual. La minería, un 9,1%. La intermediación financiera, un 14,1% . La balanza comercial energética, impulsada por Vaca Muerta, ya es superavitaria por USD 5.000 millones anuales y se encamina a los USD 10.000 millones .
En el otro extremo, la industria manufacturera cayó un 3,9%, el comercio minorista y mayorista retrocedió un 1,3%, y la construcción apenas creció un 0,3% . El consumo de bienes y servicios inició 2026 con una baja del 0,8% interanual y acumula tres meses consecutivos de caída .
El presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (Adimra), Elio Del Re, advirtió que “la industria metalúrgica atraviesa un momento muy complejo, con niveles de actividad excepcionalmente bajos, similares a los de un año pésimo como 2024, y con importaciones que crecieron alrededor del 70% interanual” . La utilización de la capacidad instalada en el sector ronda el 44,3%, cuando debería estar cerca del 75% para pensar en inversiones .
El empleo como termómetro del desacople
El fenómeno tiene nombre y apellido. El último informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la UBA (IIEP), coordinado por Roxana Maurizio y Luis Beccaria, es lapidario: el empleo asalariado formal total cayó en 111 mil puestos entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025. Y acumula una pérdida de 294 mil empleos respecto de noviembre de 2023 . En el sector privado, la caída fue de 13.100 puestos solo en noviembre .
La Unión Industrial Argentina (UIA) aportó un dato aún más elocuente en su informe de enero: la industria manufacturera perdió 63 mil puestos de trabajo formales, mientras que al mismo tiempo incorporó 87 mil trabajadores no registrados . El comercio, otro sector intensivo en empleo, sumó 210 mil puestos informales, mientras que el empleo registrado apenas creció en 4 mil.
El director de Fundar, Daniel Schteingart, lo resume con una frase que el gobierno haría bien en no ignorar: “Es impresionante el desacople entre PBI y empleo formal” . La explicación es sencilla y demoledora: los sectores que mueven el PBI –minería, agro, energía, intermediación financiera– compensan en volumen a los que están estancados, pero no en términos de ocupación .
La paradoja del modelo
El economista Martín Redrado advirtió que el mundo laboral que viene en la Argentina priorizará sectores como energía, agro, minería y tecnología, en detrimento de la construcción y la industria . El problema es que esos sectores, por su propia naturaleza intensiva en capital, no generan empleo masivo. Vaca Muerta produce cada vez más barriles, pero cada barril requiere menos trabajadores que hace una década. La minería del litio es un gigante en facturación, pero sus plantas operan con equipos reducidos y alta automatización.
La tasa de desocupación pasó del 5,7% al 7,5% en dos años, lo que representa 1,7 millones de personas sin trabajo . Pero la informalidad trepó al 43% de la población ocupada: de cada diez trabajadores, más de cuatro están en negro .
Lo que viene
El informe de Abeceb proyecta para todo 2026 un superávit comercial de USD 11 mil millones, similar al de 2025. Pero la proyección viene acompañada de una advertencia que funciona como diagnóstico: “una actividad económica menos dinámica podría implicar una ralentización de importaciones”. Es decir, parte del superávit se construye sobre menos producción y menos consumo, no sobre mayor competitividad exportadora.
El otro factor que la consultora incorpora en sus proyecciones es el conflicto bélico en Medio Oriente, cuya extensión podría ampliar el superávit energético argentino por la suba del precio del petróleo . Que una proyección de superávit comercial descanse en parte sobre la expectativa de una guerra es, en sí mismo, un dato sobre la fragilidad del modelo.
Mientras tanto, la minería sigue su curso. El oro, el litio y la plata sostienen el superávit en el corto plazo. El desafío, como advierten los especialistas, es que la bonanza de precios no termine siendo apenas eso: una ráfaga de dólares que se escapan sin dejar infraestructura, desarrollo industrial y empleo sostenido en las provincias mineras. Por ahora, los números dicen que el reloj corre más rápido que las inversiones. Y que la economía argentina avanza con una velocidad para los sectores extractivos y otra, mucho más lenta, para los que generan trabajo masivo.